jueves, 20 de enero de 2011

Buscando un claro

Existe un objetivo, eso es cierto. Existe un camino, eso todos lo sabemos. Existe una manera de poner un pie delante del otro, así como también existe una ambigua sombra que se cierne sobre la conciencia de aquellos que creen haberse perdido. Existe la voluntad de caminar, mas se torna ésta a cada instante en algo profundamente irregular.
Existe un tortuoso sendero que nace bajo nuestra alma. Existen los llantos de millares de rosas desgastadas. Existe la podredumbre de un cerebro agotado, de unas piernas fatigadas por la incesante marcha. Existe el peso de una enorme y grotesca bestia que hunde nuestras huellas varios metros bajo tierra.
Existe la batalla que muchos se ven obligados a librar. Existe la derrota, así como la victoria. Existe el sufrimiento, la congoja, la ira, la deshonra. Existe el ser despojado de su dignidad que arrastra sus carnes sobre el ensangrentado recorrido de su destino. Existe el maldito infierno creado a nuestro alrededor por unas humeantes llamas de desesperación.
Existen los valientes, así como los cobardes. Existen los insensatos que arriesgan su vida en su empeño de seguir adelante. Existen aquellos que son dignos de escupir por encima del hombro a sus semejantes. Existió un ayer. Existió un antes.
Es satisfactorio el aroma de la prosa que libera al ser de sus gigantes. La pluma se desliza sobre el papel insinuante, jactándose de saber más que mi persona sobre los designios de la bruma que nubla mi visión. Por supuesto que existe un objetivo; claro que existe un camino. Es obvio que podríamos poner un pie delante, y que no hemos perdido la voluntad que poseíamos antes. Es cierto que una profunda sombra se cierne sobre nuestras mentes delirantes, y que nos encontramos en una batalla por seguir adelante. Sabemos que podríamos ser valientes, del mismo modo en que somos cobardes. Nos ataca el sufrimiento, alimentado por la congoja, quién nos conduce a la ira y, al final, a la deshonra. Una espiral destructiva de la que sólo podemos escapar barriendo el sucio recorrido de nuestro destino. Poseemos las armas que apagarían las llamas de mil infiernos en auge, tornando las lágrimas de las rosas en cánticos exultantes.
Quizás se nos recuerde como valientes, quizás como cobardes; qué más da el recuerdo si habremos muerto antes. En nuestras lápidas no encontraremos versos sobre leyendas inimaginables; mas debemos conformarnos con que una persona, alguien, escriba unas palabras que hablen de aquellos valientes, de aquellos cobardes. Nuestros agotados cerebros y fatigadas piernas seguirán luchando cada día por aniquilar a la bestia que ronda sobre nuestras cabezas. Derrota tras derrota, seguiremos caminando hacia la victoria.
"Aquí yacen aquellos que, a pesar de ver negro el cielo, andaron y andaron hasta encontrar un claro en el que dejar sus miedos".

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