jueves, 22 de octubre de 2009

Two Lovers

Una vez allí, subió en el ascensor y se metió a la habitación; la escena fue apoteótica: Jésica se apostaba sobre sus brazos en la ventana, con la mirada perdida en la calle, la desnuda espalda arqueada, con su bella melena deslizándose por ella, mecida suavemente por el viento, acariciando con las puntas su trasero; el sol de mediodía se filtraba por la ventana a través de ella, dejando vislumbrar simplemente su silueta a contraluz, bordada en los rayos solares con esmero y dulzura; el viento surcaba la habitación desde la ventana hacia la puerta; el cielo aparecía para John. Anonadado por tan bella visión, soltó el maletín, que cayó como un rayo hacia el suelo, mientras él se desplazaba, paso a paso, casi con miedo, hacia la musa de sus ideas, deseando a cada instante estar más cerca para rodearla con sus brazos y atraerla hacia sí; finalmente, llegó hasta ella e hizo lo que su mente llevaba anhelando desde que entró en la habitación, desde que la vio: sus brazos la abrazaron como aquel que abraza a su amada tras meses sin sentir su calor.