domingo, 26 de abril de 2009

Caminando a luz de la sombra

Una arruga en las faldas del destino hacen que el mundo se tuerza, rodando colina abajo por de los sueños las laderas. Un sol casi apagado alumbra el camino del que busca llegar a su casa, mas no recuerda el sendero que guíe sus palabras hasta el cobijo de su morada. Oscuros pasajes de interminables sentimientos que asoman el hocico por las rendijas del dolor, auguran unos días de ineludible reflexión con los codos en la cara para no ver llegar el momento de tomar una decisión: vivir o morir, he ahí la cuestión. Seguir tras un sueño de indomable personalidad, o quedarse bajo un árbol sin poder volver a ver el sol.
Es la vida el momento en que nos entregamos a la muerte, pues no hay más vida que el temor de que todo se acabe para siempre. Es un sueño el que vivimos, buscando que no se convierta en una pesadilla esa maravilla que nuestra existencia clama por ser vivida, a pesar de que nos empeñemos en buscar cómo complicar el enredo de unas mentes poco claras y unos juguetes que hacen daño. No es un delirio todo esto que escribo, mas debería serlo el hecho de sufrir por cualquier motivo, razón y perdición en una subyugante parodia de la existencia prohibida.
¿Por qué buceamos en lo más hondo cuando lo que buscamos lo hemos dejado en la superficie? Nos cargamos de irreverentes juicios mal enunciados que acarrean la destrucción de nuestro ser más allá de cuánto hemos conocido, buscando siempre el límite de lo indebido, de lo indoloro e insípido, del momento en que nos hemos perdido y no conseguimos volver al camino, pues ya el sol se apagó por completo y no hay vuelta atrás, tendremos que andar y andar bajo la luz de la sombra, hasta que nos podamos y queramos hallar.

jueves, 9 de abril de 2009

El manto de las ideas (III)

Agresivo, beligerante, desinhibido, exultante. Chispeante, impulsivo, apoteótico, reprimido. Anonadado por tu belleza, asqueado por tu sonido. Gran revuelo en las entrañas del ser más despreciable que pisó la tierra prometida y escupió en el trono de las estrellas. El Sol, aunque obligado a hacerlo, ha decidido no arrojar más luz sobre las ideas de un loco argumento falto de esperanza y sentido. Corriendo, un paso tras otro, volando más allá de los sueños, se da cuenta uno de cuán lejos vivimos de ellos y lo deseosos que nos encontramos de mecernos en su suave y armoniosa cuna, arropados entre los vómitos de un inepto que ha dejado su puerta abierta para que pudiese entrar cualquiera. No, amigo, no, este no es tu sitio, no es el lugar de los sentimientos el que te toca ocupar; no es el lugar de las ideas el que navega junto a tu alma, sino la perdición de una mente vacía y un ánimo crecido por encima de lo que estás acostumbrado a discutir. La muerte sigue tus pasos olfateando cada gramo de vida que vas derramando en tu camino, recogiéndolo para hacerse una bonita manta que le proteja de tus acometidas, carentes de un guión que te permita seguir adelante y no retroceder cual cangrejo perdido.
Recibo cada dia la llamada de la eternidad, implorando clemencia ante mis ansias de destruir cada resquicio de razón de la mente del caminante sin camino, del universo errante que fluye por mis venas, intentando escapar de la más rápida e intensa manera que el cielo le permita. El caos que gobierna la vida del ente que se esconde tras una máscara de vida perdida, tras un semblante de desgastada mirada. El amor ha muerto y estamos bebiendo de la sangre derramada por su augurada ausencia; ningún ser es capaz de absorver más de un gramo de su sed de esperanza, de sueños, de las ideas de su rota mejilla.
El manto de las ideas que nos cubre se ha deshecho, y ya no podremos recuperarlo. Aquí termina la saga, cubriendo de maravillas los sueños de este momento en que escribo.

jueves, 2 de abril de 2009

Celoso Plutón

Plutón, celoso de que La Tierra fuese un planeta y él no, ha echado un mal de ojo sobre ella, y es que esto de la pérdida del título nobiliario de Plutón no es nuevo, hace millones de años que dejó de serlo, y desde entonces está La Tierra condenada.
Consultándole a Dios cómo vengarse, el diminuto ente espacial consiguió convencer a la gran divinidad creadora de que en La Tierra los humanos surgieran, y todo fue desgracia y desdicha. En un santiamén, el primer ser humano apareció, desde los confines de la misma naturaleza, para batallar, día tras día, contra ella. Con el tiempo, la noche se tornó en día, y en noche se tornó de La Tierra la vida. Se fusionaron luz y oscuridad, creando un continuo de destrucción masiva. Nuestra progenitora engendró en sí misma una enorme y viscosa bola de arena derretida, todo humo, todo inmundicia.
Y es que hay una gran diferencia entre pensar y soñar, y es nuestra reponsabilidad dejar de soñar con un mundo mejor, y empezar a pensar en cómo calmar el dolor de esta bella dama a la que nuestra presencia tanto daño le causó. Por favor, sigue regalándonos tus atardeceres con olor a sueños; tus orillas de azul añil; tus maravillosas montañas, plagadas del verde en abril, cubiertas de blanco al final del año. Por favor, no nos quites tus deslumbrados amaneceres, cuando el alba nos brinda otra oportunidad; no nos dejes sin tus suaves brisas, que nos mecen a tu compás; no nos prives de la enorme belleza de tu rostro, sustento de nuestras vidas.
Dios, este humano te ruega, que retires la maldicion, si hemos de perecer en el intento, lo haremos para crear un mundo mejor. Es nuestra decisión.