miércoles, 25 de marzo de 2009

Sodoma y Gomorra

Se acercó, me agarró de la mirada y me sostuvo hasta que mi alma, malherida y desgarrada, se derrumbó por el dolor surgido del desaliento y la contradicción. Tenues resquicios de un pasado rígido que ahora se presenta para saldar la deuda que venía destruyendo mis entrañas desde hace ya tanto tiempo.
Triste e incoloro mármol al que he llegado tras tan largo viaje, ve su mandíbula desencajada a causa del gozo que le supone verme de nuevo a su lado, a sus pies, rezando porque el mundo vuelva a verme amanecer.
Espada en mano depliego las alas de mi desenfreno, y a mi paso ruedan las cabezas de los fantasmas que me auguran lo oscuro del porvenir. Difuminadas manchas en mi vista cubren la podredumbre de este lago de orgías y llantos. Sodoma y Gomorra se pronuncian como capitales de mi mente, bajo el diluvio de improperios que emanan de mis fauces cual brava tormenta desatada por los dioses en castigo del pecador desagradecido. El mundo ha caído, la razón ha muerto y nada se puede hacer ya por ella.
Disfruta mientras puedas del placer que te otorga la damiscela, porque Sodoma y Gomorra ardieron completas.

martes, 17 de marzo de 2009

Navegando por mis ideas

Deslizando entre las vías el caballo de la derrota transporta mi alma, al ocaso de este cielo despliega sus alas para llevarme a casa. Ansioso y agotado, cuento el tiempo para reposar en el blando asiento del descanso; mas suena la melodía de la responsabilidad, y es por eso que mi dolorido cuerpo deberá esperar para reposar sus endebles posaderas.
Tras una hora más de mantener mi mente despierta, consigo la tan ansiada ducha que mi cuerpo reclama a voces; es entonces, y sólo entonces, cuando mi mente pasa a un estado de inutilidad racional, y comienza a divagar en los submundos de sus pensamientos, dejando a la barca que me transporta navegar por las aguas de mis ideas. El diluvio se desata, lluvias torrenciales sobre mi cabellera prenden fuego a mis nervios, que, convertidos en cenizas, me traen la calma, permitiéndome penetrar en esa zona del alma que por tanto tiempo se ha mantenido deshabitada.
Paso a paso, con muletas en caso de que sea necesario, camino maravillándome con lo que mis ojos consiguen vislumbrar; con una cerilla como linterna, ilumino las partes de mi cerebro que danzan al son de pulsos eléctricos, grandes y bestiales destellos que iluminan mi rostro. Estupefacto, entusiasmo, expectante de conocer cuál será el próximo rayo, la próxima idea que surque mi cabeza en busca de una pluma en mi mano que la plasme en un folio.
Me he encontrado, he observado como mi mente me envía las palabras que aquí mismo estoy redactando. Acabas de leer el nacimiento de un ser, con más fuerzas, con más ansias y con un poder infrenable.
Disfruta, adelante.