viernes, 9 de enero de 2009

300 visitas!!

Dedico esta entrada a todos los visitantes de mi blog: ¡¡hemos llegado a las 300 visitas!!
Gracias a todos por su apollo ¡¡a por 300 más!!

Dios dijo...

- ¡Hágase la luz! - Todo brilló. - ¡Hágase El Cielo! - La maravilla surgió
Satán dijo: - ¡Hágase el fuego! - el corazón del mundo comenzó a arder. - ¡Hágase El Infierno! - La Tierra se comenzó a remover.
Removiéndose en su tumba se manifiesta la consciencia destruída del amor y el buen hacer, creando destrucción el humano tan desalmado que recorre sin mirar atrás el camino que él mismo crea, antes bello y perfecto, ahora roto por las pisadas de desbocados equinos, mezquinos y sin capa. La lluvia ácida destruye los sueños de inocentes animalillos que salían en busca de comida, y se han tenido que quedar en casa, viendo a los árboles derretirse ante la imprudente estampida de ese nuevo ser que se apropia de todo cuando toca, huele, escucha, siente o mira. El negro aliento con sabor a humo de las tienieblas que emana de las fauces del cancerbero; vil criatura que custodia el aura de aquellos que han decidido venderlas en haras de un universo inconcreto, paupérrimo y falto de caricias, condenados a vagar entre la espesura del Infierno.
Brazada tras brazada intenta mi alma alejarse nadando de tanta miseria, mas cada vez que mi brazo se adelanta, el otro me obliga a retrasar mi marcha, atándome con desdichadas ansias al hueco, oscuro y profundo, de la ausencia y el malestar de los sentimientos. Mi mente se esfuerza en fluir, buscando un tren que me saque del lodo, abstrayéndome en el más inusual de los pensamientos, ceyendo cerrar los ojos para no perder la consciencia. Mi alma no puede más, se muere de dolor, y hay que acudir corriendo, pues se cae el porvenir. Me encierro entre mis puertas para, en mi recluimiento, idear un plan que destruya el maldito Infierno, asunto alto difícil, pues es la llama del odio los cimientos de esta vulgar estancia que tan férreamente nos hemos propuesto construir, con el sudor de nuestra frente y del prógimo la amarga y triste muerte.
La doncella, recién despierta, se embute en su prisión de tela, que busca protegerla de miradas lascivas, más se quiebra en el intento de ser un mísero atuendo social que la enmarca en un rol de ignorancia y sufrimiento. Sale a la calle bajo su dura y abultada coraza, el hombre de traje negro la observa desde la acera, sus penetrantes ojos regalan la mirada que inhabilita esa elaborada cárcel de barrotes de tela y sueños de hormigón. Con sus trabajados andares la doncella se muestra tímida y, a la vez, espectante. El hombre de traje negro, que ha resultado vivir en su esmoquin, se acerca a cortejarla; tras unas dulces palabras y un puñado de delicados encantos, convence a la tierna princesa para dar un paseo alrededor del lago. Allí descansó ésta para siempre, nadando con los pulmones encharcados entre las aguas negras del oscuro pantano.
El cielo comienza a arder, hemos conseguido llevar hasta él el infierno, y ya no queda nada puro y bello en este mundo poco eterno, tanto el hombre del esmoquin negro, y la doncella de tiernos sueños yacerán, junto a mí y todo el que se dedique a intentarnos seguir, en las llamas de este mundo al que hemos decidido asistir.
Maybe this world is another planet's hell.