jueves, 22 de octubre de 2009

Two Lovers

Una vez allí, subió en el ascensor y se metió a la habitación; la escena fue apoteótica: Jésica se apostaba sobre sus brazos en la ventana, con la mirada perdida en la calle, la desnuda espalda arqueada, con su bella melena deslizándose por ella, mecida suavemente por el viento, acariciando con las puntas su trasero; el sol de mediodía se filtraba por la ventana a través de ella, dejando vislumbrar simplemente su silueta a contraluz, bordada en los rayos solares con esmero y dulzura; el viento surcaba la habitación desde la ventana hacia la puerta; el cielo aparecía para John. Anonadado por tan bella visión, soltó el maletín, que cayó como un rayo hacia el suelo, mientras él se desplazaba, paso a paso, casi con miedo, hacia la musa de sus ideas, deseando a cada instante estar más cerca para rodearla con sus brazos y atraerla hacia sí; finalmente, llegó hasta ella e hizo lo que su mente llevaba anhelando desde que entró en la habitación, desde que la vio: sus brazos la abrazaron como aquel que abraza a su amada tras meses sin sentir su calor.

lunes, 27 de julio de 2009

La gran batalla de todos los tiempos


La sangre hierve en las venas, la euforia se despierta en sus entrañas; una tormenta devastadora amanece en el interior de su ser, peleando por salir a la luz a cada segundo que permanece despierto. La belleza de un mundo visto desde los nuevos ojos que la vida le ha brindado, la sensación de un ser superior, una deidad enjaulada en un cuerpo material que destruye los barrotes que le separan de la gloria a cada paso que avanza. Una bestia de afilados colmillos y estridentes garras que se desboca por rasgar el lienzo del tiempo para atravesar el manto que lo separa de la libertad, ese manto que envuelve todo lo grande y bello, el manto de las ideas, que arropará su fuerza, que calmaría su fuego.
El lobo daba vueltas alrededor del chico, intentado oler su miedo, mas éste no existía, se había disipado cual rayo en el cielo, en un instante, migró a donde los ojos no alcanzaban a verlo. Y allí estaba él, ante aquella bestia de desgarradas intenciones, con las fauces inundadas en hedor, mirándole fijamente mientras el chico con sus ojos le retaba. Así, comenzó la batalla. Una insensante lluvia de audaces movimientos, un golpe en el hocico, un zarpazo en la espalda que reventaban las esperanzas de aguantar otra acometida, pero la soportaba y volvía a la carga. Su pétreo brazo ondeaba la lanza, mientras su punzante mirada se clavaba en el cuerpo del enemigo, augurando el duro golpe que su alma ya casi sentía. Lo asestó con odio, con rabia, con el sentimiento que surge cuando uno consigue vencer el miedo que le aterraba; su rostro mostraba el placer de sacarse un puñal de la espalda para ensartarlo al enemigo en su más honda y derruida alma, ahora, en breve, nos más que una triste ánima.
El fuego crece en su interior; sus ojos se tornan en llamas; su aliento, oscuro y hediondo, exhala un feroz grito que provoca el estremecimiento de la noche que les arropa. Los árboles, mecidos por el viento, golpean el cielo, que deja caer los rayos cuyo fin es alimentar la furia del valiente muchacho que lucha contra su bestia. El Sol y La Luna intercambiaron varias veces su puesto mientras estos dos seres mantenían su encarnizada batalla; no había lugar para las lágrimas, ni para la desesperanza; no había lugar para la huída, ni para la claudicación; no había lugar siquiera para mirar hacia otro lado durante un instante, los ojos del uno clavados en los del otro pretendían conocer los pensamientos de su adversario. Cual enamorados que se rodean con sus brazos, el chico y el lobo consumían sus últimas fuerzas en derribar al oponente, mas no existía el amor en aquel claro, solo el odio y la sed de sangre. Un último acopio de vida hecho por el joven que una fría noche decidió cazar a su bestia, le brindó la oportunidad de asestar aquel golpe final que le daría la victoria. Escupiendo fuego en los ojos de la bestia, consiguió dejarla ciega, pudiendo separarse de sus garras lo suficiente para tomar en su mano una piedra afilada; con el alma mellada, la cara ensangrentada, la mitad de sus dientes perdidos en la batalla y la piel rasgada, alzó hacia el cielo su puño y lo dejó caer sobre la cabeza del lobo.
Un aullido rompió el silencio del bosque; un aullido que bien podría haber sido emitido por el diablo desde el infierno, rasgó la noche cual cuchillo sobre un lienzo, quebrando la paz de los árboles que seguían golpeando al cielo. Nada en aquel paraje se mantuvo ajeno a la gran batalla de todos los tiempos: el niño que nació queriendo ser un hombre; el niñó que creció queriendo llegar lejos; el niño que, para continuar su camino, se vio obligado a desenfudar todas sus armas y vencer su miedo; el niño que, haciendo acopio de todo su valor, mató a su bestia sin la ayuda de nadie más que su fuerza; aquel joven lo consiguió.


domingo, 26 de abril de 2009

Caminando a luz de la sombra

Una arruga en las faldas del destino hacen que el mundo se tuerza, rodando colina abajo por de los sueños las laderas. Un sol casi apagado alumbra el camino del que busca llegar a su casa, mas no recuerda el sendero que guíe sus palabras hasta el cobijo de su morada. Oscuros pasajes de interminables sentimientos que asoman el hocico por las rendijas del dolor, auguran unos días de ineludible reflexión con los codos en la cara para no ver llegar el momento de tomar una decisión: vivir o morir, he ahí la cuestión. Seguir tras un sueño de indomable personalidad, o quedarse bajo un árbol sin poder volver a ver el sol.
Es la vida el momento en que nos entregamos a la muerte, pues no hay más vida que el temor de que todo se acabe para siempre. Es un sueño el que vivimos, buscando que no se convierta en una pesadilla esa maravilla que nuestra existencia clama por ser vivida, a pesar de que nos empeñemos en buscar cómo complicar el enredo de unas mentes poco claras y unos juguetes que hacen daño. No es un delirio todo esto que escribo, mas debería serlo el hecho de sufrir por cualquier motivo, razón y perdición en una subyugante parodia de la existencia prohibida.
¿Por qué buceamos en lo más hondo cuando lo que buscamos lo hemos dejado en la superficie? Nos cargamos de irreverentes juicios mal enunciados que acarrean la destrucción de nuestro ser más allá de cuánto hemos conocido, buscando siempre el límite de lo indebido, de lo indoloro e insípido, del momento en que nos hemos perdido y no conseguimos volver al camino, pues ya el sol se apagó por completo y no hay vuelta atrás, tendremos que andar y andar bajo la luz de la sombra, hasta que nos podamos y queramos hallar.

jueves, 9 de abril de 2009

El manto de las ideas (III)

Agresivo, beligerante, desinhibido, exultante. Chispeante, impulsivo, apoteótico, reprimido. Anonadado por tu belleza, asqueado por tu sonido. Gran revuelo en las entrañas del ser más despreciable que pisó la tierra prometida y escupió en el trono de las estrellas. El Sol, aunque obligado a hacerlo, ha decidido no arrojar más luz sobre las ideas de un loco argumento falto de esperanza y sentido. Corriendo, un paso tras otro, volando más allá de los sueños, se da cuenta uno de cuán lejos vivimos de ellos y lo deseosos que nos encontramos de mecernos en su suave y armoniosa cuna, arropados entre los vómitos de un inepto que ha dejado su puerta abierta para que pudiese entrar cualquiera. No, amigo, no, este no es tu sitio, no es el lugar de los sentimientos el que te toca ocupar; no es el lugar de las ideas el que navega junto a tu alma, sino la perdición de una mente vacía y un ánimo crecido por encima de lo que estás acostumbrado a discutir. La muerte sigue tus pasos olfateando cada gramo de vida que vas derramando en tu camino, recogiéndolo para hacerse una bonita manta que le proteja de tus acometidas, carentes de un guión que te permita seguir adelante y no retroceder cual cangrejo perdido.
Recibo cada dia la llamada de la eternidad, implorando clemencia ante mis ansias de destruir cada resquicio de razón de la mente del caminante sin camino, del universo errante que fluye por mis venas, intentando escapar de la más rápida e intensa manera que el cielo le permita. El caos que gobierna la vida del ente que se esconde tras una máscara de vida perdida, tras un semblante de desgastada mirada. El amor ha muerto y estamos bebiendo de la sangre derramada por su augurada ausencia; ningún ser es capaz de absorver más de un gramo de su sed de esperanza, de sueños, de las ideas de su rota mejilla.
El manto de las ideas que nos cubre se ha deshecho, y ya no podremos recuperarlo. Aquí termina la saga, cubriendo de maravillas los sueños de este momento en que escribo.

jueves, 2 de abril de 2009

Celoso Plutón

Plutón, celoso de que La Tierra fuese un planeta y él no, ha echado un mal de ojo sobre ella, y es que esto de la pérdida del título nobiliario de Plutón no es nuevo, hace millones de años que dejó de serlo, y desde entonces está La Tierra condenada.
Consultándole a Dios cómo vengarse, el diminuto ente espacial consiguió convencer a la gran divinidad creadora de que en La Tierra los humanos surgieran, y todo fue desgracia y desdicha. En un santiamén, el primer ser humano apareció, desde los confines de la misma naturaleza, para batallar, día tras día, contra ella. Con el tiempo, la noche se tornó en día, y en noche se tornó de La Tierra la vida. Se fusionaron luz y oscuridad, creando un continuo de destrucción masiva. Nuestra progenitora engendró en sí misma una enorme y viscosa bola de arena derretida, todo humo, todo inmundicia.
Y es que hay una gran diferencia entre pensar y soñar, y es nuestra reponsabilidad dejar de soñar con un mundo mejor, y empezar a pensar en cómo calmar el dolor de esta bella dama a la que nuestra presencia tanto daño le causó. Por favor, sigue regalándonos tus atardeceres con olor a sueños; tus orillas de azul añil; tus maravillosas montañas, plagadas del verde en abril, cubiertas de blanco al final del año. Por favor, no nos quites tus deslumbrados amaneceres, cuando el alba nos brinda otra oportunidad; no nos dejes sin tus suaves brisas, que nos mecen a tu compás; no nos prives de la enorme belleza de tu rostro, sustento de nuestras vidas.
Dios, este humano te ruega, que retires la maldicion, si hemos de perecer en el intento, lo haremos para crear un mundo mejor. Es nuestra decisión.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Sodoma y Gomorra

Se acercó, me agarró de la mirada y me sostuvo hasta que mi alma, malherida y desgarrada, se derrumbó por el dolor surgido del desaliento y la contradicción. Tenues resquicios de un pasado rígido que ahora se presenta para saldar la deuda que venía destruyendo mis entrañas desde hace ya tanto tiempo.
Triste e incoloro mármol al que he llegado tras tan largo viaje, ve su mandíbula desencajada a causa del gozo que le supone verme de nuevo a su lado, a sus pies, rezando porque el mundo vuelva a verme amanecer.
Espada en mano depliego las alas de mi desenfreno, y a mi paso ruedan las cabezas de los fantasmas que me auguran lo oscuro del porvenir. Difuminadas manchas en mi vista cubren la podredumbre de este lago de orgías y llantos. Sodoma y Gomorra se pronuncian como capitales de mi mente, bajo el diluvio de improperios que emanan de mis fauces cual brava tormenta desatada por los dioses en castigo del pecador desagradecido. El mundo ha caído, la razón ha muerto y nada se puede hacer ya por ella.
Disfruta mientras puedas del placer que te otorga la damiscela, porque Sodoma y Gomorra ardieron completas.

martes, 17 de marzo de 2009

Navegando por mis ideas

Deslizando entre las vías el caballo de la derrota transporta mi alma, al ocaso de este cielo despliega sus alas para llevarme a casa. Ansioso y agotado, cuento el tiempo para reposar en el blando asiento del descanso; mas suena la melodía de la responsabilidad, y es por eso que mi dolorido cuerpo deberá esperar para reposar sus endebles posaderas.
Tras una hora más de mantener mi mente despierta, consigo la tan ansiada ducha que mi cuerpo reclama a voces; es entonces, y sólo entonces, cuando mi mente pasa a un estado de inutilidad racional, y comienza a divagar en los submundos de sus pensamientos, dejando a la barca que me transporta navegar por las aguas de mis ideas. El diluvio se desata, lluvias torrenciales sobre mi cabellera prenden fuego a mis nervios, que, convertidos en cenizas, me traen la calma, permitiéndome penetrar en esa zona del alma que por tanto tiempo se ha mantenido deshabitada.
Paso a paso, con muletas en caso de que sea necesario, camino maravillándome con lo que mis ojos consiguen vislumbrar; con una cerilla como linterna, ilumino las partes de mi cerebro que danzan al son de pulsos eléctricos, grandes y bestiales destellos que iluminan mi rostro. Estupefacto, entusiasmo, expectante de conocer cuál será el próximo rayo, la próxima idea que surque mi cabeza en busca de una pluma en mi mano que la plasme en un folio.
Me he encontrado, he observado como mi mente me envía las palabras que aquí mismo estoy redactando. Acabas de leer el nacimiento de un ser, con más fuerzas, con más ansias y con un poder infrenable.
Disfruta, adelante.

viernes, 9 de enero de 2009

300 visitas!!

Dedico esta entrada a todos los visitantes de mi blog: ¡¡hemos llegado a las 300 visitas!!
Gracias a todos por su apollo ¡¡a por 300 más!!

Dios dijo...

- ¡Hágase la luz! - Todo brilló. - ¡Hágase El Cielo! - La maravilla surgió
Satán dijo: - ¡Hágase el fuego! - el corazón del mundo comenzó a arder. - ¡Hágase El Infierno! - La Tierra se comenzó a remover.
Removiéndose en su tumba se manifiesta la consciencia destruída del amor y el buen hacer, creando destrucción el humano tan desalmado que recorre sin mirar atrás el camino que él mismo crea, antes bello y perfecto, ahora roto por las pisadas de desbocados equinos, mezquinos y sin capa. La lluvia ácida destruye los sueños de inocentes animalillos que salían en busca de comida, y se han tenido que quedar en casa, viendo a los árboles derretirse ante la imprudente estampida de ese nuevo ser que se apropia de todo cuando toca, huele, escucha, siente o mira. El negro aliento con sabor a humo de las tienieblas que emana de las fauces del cancerbero; vil criatura que custodia el aura de aquellos que han decidido venderlas en haras de un universo inconcreto, paupérrimo y falto de caricias, condenados a vagar entre la espesura del Infierno.
Brazada tras brazada intenta mi alma alejarse nadando de tanta miseria, mas cada vez que mi brazo se adelanta, el otro me obliga a retrasar mi marcha, atándome con desdichadas ansias al hueco, oscuro y profundo, de la ausencia y el malestar de los sentimientos. Mi mente se esfuerza en fluir, buscando un tren que me saque del lodo, abstrayéndome en el más inusual de los pensamientos, ceyendo cerrar los ojos para no perder la consciencia. Mi alma no puede más, se muere de dolor, y hay que acudir corriendo, pues se cae el porvenir. Me encierro entre mis puertas para, en mi recluimiento, idear un plan que destruya el maldito Infierno, asunto alto difícil, pues es la llama del odio los cimientos de esta vulgar estancia que tan férreamente nos hemos propuesto construir, con el sudor de nuestra frente y del prógimo la amarga y triste muerte.
La doncella, recién despierta, se embute en su prisión de tela, que busca protegerla de miradas lascivas, más se quiebra en el intento de ser un mísero atuendo social que la enmarca en un rol de ignorancia y sufrimiento. Sale a la calle bajo su dura y abultada coraza, el hombre de traje negro la observa desde la acera, sus penetrantes ojos regalan la mirada que inhabilita esa elaborada cárcel de barrotes de tela y sueños de hormigón. Con sus trabajados andares la doncella se muestra tímida y, a la vez, espectante. El hombre de traje negro, que ha resultado vivir en su esmoquin, se acerca a cortejarla; tras unas dulces palabras y un puñado de delicados encantos, convence a la tierna princesa para dar un paseo alrededor del lago. Allí descansó ésta para siempre, nadando con los pulmones encharcados entre las aguas negras del oscuro pantano.
El cielo comienza a arder, hemos conseguido llevar hasta él el infierno, y ya no queda nada puro y bello en este mundo poco eterno, tanto el hombre del esmoquin negro, y la doncella de tiernos sueños yacerán, junto a mí y todo el que se dedique a intentarnos seguir, en las llamas de este mundo al que hemos decidido asistir.
Maybe this world is another planet's hell.