domingo, 26 de octubre de 2008

Imaginé


(Imagen de Laura Carballeira)

Imaginé desear todo cuanto vi; imaginé poseer lo que deseé; imaginé ver todo lo que quería y, en realidad, nunca fue . Asomado a mi ventana, con una copa en la mano, miraba a las estrellas, cada vez más ebrio, cada vez más humano. Alzando mi brazo, apuntando a la luna con mi dedo, culpándole del dolor de mi ego. Saqué por ella medio cuerpo, y observé; miré el césped con alevosía y admiración, y odié la presencia que en él apareció: tierna mirada; despectiva actitud; bellos ojos; lujurioso cuerpo; manos negras que tiraban de mí hacia afuera; dulce presencia que buscaba mi decadencia. Intenté volver a entrar en mi habitación, pero sus redes me rodeaban cual hilos de telaraña, intentando que cayera, buscando que me rindiera, deseando verme en el suelo postrado ante sus pies. No, maldita hiedra que intenta consumir mi ser, aléjate de mi jardín, deja a mis pies correr; no estaré a tu lado, no sucumbiré; no me haces bien, no hay nada en ti que pueda algo valer. Por más que lo intento, no puedo escapar a sus encantos, embriaga mi corazón con negros cánticos. Atado a su voluntad, por costumbre permanezco, sin posibilidad de ser libre, por más que me alejo. Corta mi huída con dulces alagos, mientras agarra mis pies con sus tentáculos.
Hiedra ruinosa, vestigio de un bello pasado, debe dejar que zarpe este barco, y desde el puerto mirarlo. Mas seguro estoy de que no se quedaría observando, subiría conmigo, mi marcha cortando. Grandes agujeros en el casco de mi crucero; aguaceros por la cubierta, relámpagos en el cielo; tumultuosa tempestad que me acompaña, todo por su presencia, polizón en mi estancia. Navegando por bravos mares, la muerte amenaza; consumirme entre las aguas es mi única esperanza.
Oscura pesadilla, tremendo infierno, mi vida tendida al sol, quemándose, sufriendo . Ni contigo ni sin ti halla mi alma descanso, eres la pesada carga que he sentado en mi regazo; te he dado la mano, y has cogido todo mi cuerpo, te has tragado mi orgullo y me lo estás escupiendo. Duelen tus palabras atravesando mis oídos, deja a mi mente descansar, sigue tu camino. En tu día fuiste una bella rosa, pero te has tornado en la más podrida hiedra; en aquella bonita flor se escondían todas tus mentiras, tu puñaladas, mis futuras heridas. Cegado por el resplandor de tus hojas brillando, me entregué por completo al cobijo de tus brazos, mas estos se tornaron en tentáculos, y ahora me rodeas, consumiendo mis años.
Imaginé desear; imaginé que inventé; imaginé que en mi vida mis sueños encontré; mas imaginando perdí el rumbo de mi búsqueda, y cada mañana intento reencontrarlo. Zarpo raudo lejos de tus encantos, pues se tornan en negras espirales de confusión y engaño. Así me despido de aquella hiedra, con los restos de mi corazón en pedazos, en la palma de mi mano, estrujándolos bien fuerte, para que no se alejen de mi lado.

lunes, 20 de octubre de 2008

El cielo se derrumba


(Imagen de Laura Carballeira)

El cielo se cae, todo cuanto lo sostenía se está desahaciendo. ¿Los ángeles? Tan ebrios se encuentran que ni sus alas consiguen desplegar. ¿Los santos? Todos bajo las faldas de las endomoniadas almas que los cortejan. Nada ni nadie pone orden en este lugar, parece ser una parcela olvidada, un recobeco dejado de la mano de dios que no encuentra salida ni perdón. Todos han perdido el rumbo, ya nadie sabe cómo sostener el último aliento en sus fauces y se dejan llevar por el viento que los mece, sin preocuparse de qué vendrá más allá. Sufrimiento, dolor, angustia, abstinencia del amor. Calumnias, odio, rencor, piedras en su mente y corazón. Todo destruído por la indecisión, por el ansia de abarcarlo todo y olvidar qué fue lo que un día los mantuvo, y a lo que ellos dieron un puntapié, cargado de indiferencia, privado de razón.
"Hemos olvidado. Lo hemos intentado y finalmente hemos fracasado. Queriendo hemos podido perder el rumbo de nuestro destino. Lo hemos ansiado todo, tan solo unos resquicios nos quedan de aquello que fuimos; aquella belleza, aquellos sueños, aquellas cosas que tan fuerte anelamos y por necios aborrecimos. Nos libramos de ataduras, de responsabilidades, de brindar amor y necesidades, de dar un último halo de esperanza a nuestros quebrados corazones, y lo hemos conseguido: estamos solos, desfavorecidos, nos hemos alejado de la orilla y ahora es el mar quién reclama nuestra vida. No hemos sido sensatos, no hemos actuado por dictados de la razón; nos guiamos por fuerzas externas que ni si quiera nosotros entendíamos, y hemos concluído en la masacre de lo poco que teníamos. ¿Muerte? ¿Castigo? ¿Resurrección? Todo es posible en esta charca oscura llena de negros vapores que nublan nuestro jucio, ¿por qué rehuímos de aquello que nos hacía feliz? ¿Por actuar correctamente? ¿Por sentirnos libres? Hemos esquivado tomar las decisiones que nos harían mejores hombres, era mucho más sencillo dejarse llevar por el necio objetivo de lograr la perfecta armonía entre lo finito y lo eterno, y hemos logrado librarnos de todo ello. No nos queda nada, sólo la compañía de violentamente ebrios ángeles que luchan por tener para sí el último trozo de nube que queda por destruir. Mal rayo nos parta, el cielo ha dejado de ser la luz que nos guiaba; el genocidio de los sentimientos nos ha dejado en un amplio vacío que no vamos a conseguir llenar. ¿Por qué, milagrosa vida, nos ha dejado a nuestro bien? ¿Es que no fuimos lo bastante hombres para seguir adelante?"
"Les di cuanto pude, hijos míos, y nunca supieron apreciar la belleza de una flor, o saciar el hambre con un trozo de pan. Ustedes, pequeños ángeles, siempre quisieron más. Quisieron más de mil amores, cuando sus corazones no los podían abarcar; quisieron un millón de amigos, cuando, contándolos con una mano, tan grata hubiera sido la felicidad. Querían más tiempo, más del que podían soportar, y se hicieron viejos, y nada consiguieron atar. Perdieron el cielo, y al infierno condenados están, ardiendo en sus llamas, ligados a la eternidad. Ahora les daré una última oportunidad, aprovéchenla, o a su fin todo llegará."