domingo, 7 de septiembre de 2008

El manto de las ideas (II)















(Imagen de Laura Carballeira)



Depierto en un valle, con la naturaleza alrededor; te siento cerca, percibo tu olor. Comienzo a andar, y sólo encuentro una laguna, ¿qué habrá en su interior? Me zambullo en ella, dejando correr mis sueños; abro bien los ojos, quiero verlo.
Escucha, princesa, lo que te escribo:
La unidad de tiempo es el amor; fundámos juntos, tú y yo, uniendo nuestros sueños, regalándonos nuestros besos. Admiremos juntos la belleza del mundo exterior; sintamos la misma sensación al ver como el cielo se une al mar en el horizonte; dormirnos pensando en turbulentas corrientes de vida, simplificando el universo a un único momento, un único evento: nuestro despertar; ver cómo tus ojos se abren ante la luz del alba, adorando la belleza que se evapora por tu piel, embriagando a cualquier humilde hombre, que tus ojos decida ver.
Tus ojos, esas preciosas perlas que gobiernan la belleza de tu tez, esos mismos que se han adueñado de la fuerza de mi ser, dominan mis deseos, cegando mi mirada, a tu merced. Al dormir, sólo veo tu silueta, radiante frente el anochecer, veo el comienzo de tus piernas, el contorno de tu piel; no aparto la mirada, lo quiero ver, cada vez que cierre los ojos, a tu lado estaré.
Dulce y tierna melodía, empalagas mis tímpanos, ora en la noche, ora en el día. Dulce hechizo, tierno embrujo, quiero vivirte, sin miedo a lo oscuro.
A ti, te entragaré mi alma, dejando en tus manos mis esperanzas.

sábado, 6 de septiembre de 2008

El manto de las ideas (I)

(Imagen de Laura Carballeira)

Entre las sábanas de una noche cualquiera; entre las estrellas de una cama de hotel. Sentado al borde de un cráter de la Luna; recostado bajo Marte. Abriendo mi mente al espacio, dejando que todo el polvo estelar entre; polvo cargado de miradas discretas, de sueños por disfrutar e información de mi ente corpuscular.
Deslizándome sobre un manto de ideas, me zambullo en su mar; nadando intentando cogerlas, fracasando antes de empezar. Tras horas, días y semanas de mis frustrados intentos, finalmente, me hago con una, y vuelvo al cráter, a llenarla de polvo estelar. La miro, observo con detenimiento; me acerco y la huelo, incluso la llego a besar: esa idea será mía, aunque mucho me costará. La invito al cine, a cenar; la cortejo, seduzco y mimo cuanto cuanto más, esperando el momento en que en mi mente la pueda vislumbrar.
A la quinta cita, la he conseguido embriagar, con canicas de colores, en mi cuerpo a decidido entrar. Es entonces cuando siento el placer que ella me regala; me ilumina, me hace pensar. Navegando por mi mente, busca un buen lugar, y al encontrarlo, lo convierte en su hogar. Se acurruca y se acomoda, descansando para el momento en que tenga que trabajar.
En una noche oscura, sin un alma alrededor, me encuentro mirando algo, enorme y espectacular. Al borde de un acantilado me ha traído, esta idea infernal, a tirarme al vacío, y no saber qué me aguardará. Algo me empuja y quiebro, cayendo en una bella laguna, rodeado de una tenue sombra, al acecho de la luz.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Y abriendo los ojos llegué a verlo















(Imagen de Laura Carballeira)

Asomado a mi ventana permanezco, aspirando el aire diluido en el humo que se suspende en el ambiente, un mes, y otro, y otro; y ahí sigo, inmóvil, imperturbable, evadido en mis pensamientos, observando todo cuánto viene y va: gente que camina; gente que se habla; gente que se besa y hasta se abraza; gente que sonríe; gente que calla; que se pega; que se mata; pájaros que vuelan; pájaros que se posan; pájaros que se miran; pájaros que dan de comer a sus crías; árboles que bailan con el viento; árboles que hablan entre susurros, entre miradas; entre mis miradas, que los analizan pero no les dicen nada.
Asomado a mi ventana permanezco, hablando conmigo mismo y con mis delirios. Con mis ojos recorro el jardín que ante mí se presenta majestuoso, imponiéndome su belleza. Abro mi mente al frío de los sueños, sabiendo cuán cerca y cuán lejos está uno de verlos. Hemos de detenernos y mirar; dejar que la lluvia riegue nuestro rostro, y abrir los ojos, abrirlos para verlo. ¿Ver el qué? El sueño, el anhelo. Cuando seas capaz de no cerrar los ojos y ver cuando la lluvia te cae en ellos, serás capaz de verlo; verás lo que no ven los demás por tener los ojos cerrados para no mojarlos. Y sentirás cómo son tus pupilas las que escrutan lo que te rodea; y volarás dando vueltas en tus adentros; y vivirás cómo nace dentro de ti el fuego; y te enamorarás, te enamorarás de poder verlo; y sufrirás el no poder tenerlo; y correrás hasta que lo lleves en tu cuerpo, en tus sueños. Marcarás lo recorrido con migas de pan, porque no podrás volver a abrir los ojos cuando la lluvia te caiga en el rostro; y deberás aprender a hacerlo de nuevo; y volverán las migas de pan, que desaparecen; y tendrás otra vez que perderte, hasta que seas capaz de marcar el camino con pintura permanente, que no se borre, que te guía y te alimente; y entonces podrás decir que echas de menos aquellas migas de pan que te hacían volver a encontrar el camino cada vez que querías llegar a ese sitio, a abrir los ojos bajo la lluvia y ver lo que te rodea.
Yo aún permanezco asomado a mi ventana. Desde aquí la lluvia no me cae en la cara, puedo abrir los ojos porque sus gotas no me bañan; estoy pensando en bajar a la calle a aprender a abrirlos, pero primero, por si acaso, voy a coger mi paraguas.

Ser

Es todo lo que es lo único que puede ser, y no siendo no se puede ser lo que se ha sido y no se puede dejar de ser si se quiere seguir siendo. Por eso hay que ser, no dejar de ser, y ser siempre, aunque ser sea lo que no es porque es difícil serlo.
Cuando las palabras dejan de ser lo que son, cuando el sentido de lo que son ya no es; entonces deben ser los gestos a quienes únicamente hay que hacer que sean; y cuando los gestos comienzan a ser, dejan que sean ellos los que digan lo que realmente es, porque sólo lo que es puede ser.
No soy todo lo que soy, y siendo parte de lo que soy dejo de ser como soy, pero intento ser totalmente, porque sólo se puede ser lo que es, ya que lo que no es puede ser difícil que sea; y ser lo que se es, a fin de cuentas, es lo más bonito que puede ser, y siendo lo que se es viene a ser la manera más bella de ser; por eso nunca se debe dejar de ser, siempre que siendo lo que es se pueda dejar ser a lo que ya es.
Ser o no ser no es la cuestión, sino ser siempre lo que se es, sin dejar de ser, no perdiendo jamás el sentido de lo que es, y cuando las palabras dejan de ser lo que son, dejar que sean los gestos quiénes digan lo que las palabras deberían de ser, pero han dejado de ser, y que un abrazo sea un “te quiero” cuando pronunciarlo ya no dice lo que es.

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Buenas tardes, bienvenido

al oscuro fin del día,

sigue mi camino,

mi alma,será tu guía.



Por descubrir,maravillas

corriendo entre tus mejillas.

el sol dorará tus senos,

seré el capitán de tu cuerpo.



Te regalaré mis sueños,

en canicas de colores,

hundiré tu besos,

marchitaré tus amores.


Mis sueños, estoy depierto,

ahogado en cada segundo,

con un destino incierto,

como un perro moribundo.



Quemaré nuestros recuerdos,

pero siempre, aunque no lo creas,

en mi sueño estará el deseo,

de lograrte, preciada meta.



Llorarás por "soñarme",

impulsivo, desquiciante,

nervioso, desconforme,

agotado, informe.



Creerás que te alejas,

pero siempre estaré cerca,

vivirás entre mis redes,

como entre cuatro paredes.



A la mierda con tu vida,

elige ahora tu via,

¿Yo desaparezco?

¡Qué atardecer más bello!